viernes, 24 de julio de 2009

Una noche en el Teide

Si hay algo que nos encanta es perdernos lejos de toda la muchedumbre y jaleos de la vida cotidiana, estar en un lugar apartado, solos, disfrutando de nuestro tiempo y sin más compañía que la de él y la mía. Y ahora deseando compartirla con el bebé que esperamos los tres en familia. Así que no podíamos desaprovechar la oportunidad de pasar una noche en el Teide, lejos de todo. Disfrutando del paisaje, de un escenario en solitario, de la frescura, del inmenso cielo estrellado...

Esto es el parador situado dentro del mismo parque nacional. De construcción nueva (si tenemos en cuenta que suelen ser edificios centenarios) pero con aires de montaña. Al lado una pequeña iglesia.

Enfrente unas vistas insuperables del Teide y los Roques de García.

La noche cae y el cielo va cobrando un nuevo aspecto, ya no quedan turistas, excursionistas ni nadie sólo unos pocos huéspedes que al igual que nosotros solo respiran paz y tranquilidad. Y es que a 2350m de altitud es lo único que se puede hacer: fuera juerguistas y borrachos.









Lo que más nos gusta de los paradores es disfrutar de la tranquilidad de los variados salones que ofrece el hotel. Este es el salón principal decorado en madera con su gran chimenea que le dan un aspecto muy montañero, con unos sillones muy mulliditos y cómodos para poder descansar después de un día de caminata.

... y para recuperar fuerzas después de la excursión nada mejor que un pequeño refrigerio a base de los productos típicos de la isla.

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